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¿Qué aprendimos de la crisis de 2008? Lecciones que podemos aplicar hoy

Rincón del experto7 de Julio de 2022
¿Qué aprendimos de la crisis de 2008? Lecciones que podemos aplicar hoy

La caída de Lehman Brothers el 15 de septiembre de 2008 y el efecto dominó que esto provocó supuso un cambio de paradigma para el mundo globalizado que conocíamos. Países endeudados, PIB no recuperados y mercados fragmentados son algunas de las consecuencias que aún vivimos a día de hoy.

La recuperación que Europa inició después de la crisis empezó a ralentizarse a partir de 2018, augurando una repetición del ciclo económico. Asimismo, este ciclo se vio interrumpido por la crisis sin precedentes derivada de la pandemia. Dos años después, volvemos a oír rumores de una posible recesión económica provocada por el alza de la inflación, la subida de precios, la crisis de suministros y la inestabilidad política.

Aún con las huellas recientes que dejó la crisis de 2008, los países y sus tejidos empresariales deben estar preparados para enfrentarse a otra posible recesión y aplicar todo aquello que aprendieron hace más de 10 años. ¿Cuáles son las lecciones más importantes?

Sector bancario más supervisado, pero con menos reputación

La principal lección aprendida a raíz de la anterior crisis económica es que la quiebra de un banco o una entidad financiera es un hecho que nos afecta a todos. Los gobiernos de los países más azotados por la crisis bancaria se vieron obligados a rescatar a la mayoría de entidades que estaban cerca de la quiebra con el dinero de los contribuyentes y, en algunos casos, ese dinero aún no ha sido devuelto.

El previo a 2008 era un sistema totalmente bancarizado, con apalancamiento tanto por parte de las empresas como de las entidades financieras y una seguridad absoluta en el saber hacer de la banca y la liquidez que ésta proveía. 

Después de la caída de Lehman Brothers y la salida a la luz de los fraudes de las hipotecas subprime, los CDO y las preferentes, la confianza en la banca se erosionó y su reputación quedó gravemente dañada.

En la actualidad, los bancos están más regulados y, al menos en España, están controlados por entidades ajenas – como la CNMV, el BdE y la DGSFP -. Aún así, a menudo seguimos viendo malas praxis por parte de la banca más tradicional, como pudimos conocer recientemente con las condiciones exigidas a la hora de conceder los créditos ICO o las cláusulas suelo. Quizá deberíamos revisar el poder que se otorga a los bancos conociendo hasta qué punto pueden colapsar un sistema y la crisis de reputación a la que se enfrentan.

Aún así, los expertos confirman que el sistema financiero se ha ido recuperando lentamente, con una estructura más sana y resistente que la que tenía 10 años atrás. La sobreexposición a préstamos de riesgo y el alto grado de apalancamiento ya no són una constante en el sector bancario, y la aparición de nuevos competidores – concretamente las Fintech -, ha diversificado el acceso a los servicios financieros, garantizando una mejor oferta a una demanda siempre presente.

Políticas de prevención, no de reacción

Mientras se aceleraba el ciclo especulativo de los instrumentos financieros bancarios en la mayoría de economías avanzadas, la regulación, que hasta ese momento era inexistente, se ejecutaba después de los cambios que sufría el mercado. 

Podríamos decir que la principal lección aprendida en este ámbito es la necesidad de leyes y controles que se anticipen a los cambios y ciclos del mercado, con estudios, tests y auditorías que permitan la previsión. 

Al igual que la regulación, muchos gobiernos tampoco tomaron decisiones hasta que vieron cómo el sistema económico se desmoronó. Especialmente en el sur de Europa, los gobiernos de los PIGS tardaron demasiado en ver que necesitaban apoyo externo y en aceptar que lo que estaba ocurriendo se llamaba recesión – o crisis, para los más valientes -.

Del mismo modo que tiraron de eufemismos, la demora en la solicitud de ayudas externas fue el motivo de esta recuperación tardía a la que las economías del sur de Europa se han tenido que enfrentar.

Como hemos podido ver con la crisis del covid-19, parece que la lección se aprendió correctamente. Las reacciones de los gobiernos del mundo a la pandemia, aunque se producían después de los hechos, fueron mucho más rápidas que las de las crisis anteriores.

Mercados más regulados

En 2008 nos encontrábamos con un mercado inmobiliario y bancario basado en la especulación, la sobreexposición y el humo. Las hipotecas concedidas a prestatarios no aptos y la posterior venta de esas hipotecas camufladas entre otros productos financieros permitieron la construcción de un mercado que llegó a convertir a países enteros en poseedores de activos tóxicos.

Todo este castillo de naipes construido sobre arenas movedizas derivó de la desregulación ocurrida en la principal potencia económica mundial, EEUU, a partir de los 2000. Lección que hemos aprendido en los últimos años.

Actualmente, tenemos muchas entidades que regulan estos mercados, las concesiones de préstamos están más limitadas y las tasas de interés, aunque actualmente están subiendo, no parece que vayan a llegar a los niveles de hace una década. Igualmente, el porcentaje de prestatarios expuestos a renta variable es mucho menor que el de hace años, por lo que es menos probable encontrarnos con el escenario de la crisis de las hipotecas subprime.

Una nueva forma de invertir: diversificación

La inversión antes del 2009 se centraba en los activos inmobiliarios y en acciones en algunas empresas de sectores determinados. La confianza en la inversión bancaria era máxima, pues en el mercado no se encontraba nada mejor.

Con la caída de algunas de las entidades financieras más relevantes, la confianza en los bancos se disipó y los inversores buscaron la forma de diversificar sus carteras invirtiendo en otros valores de diferentes industrias.

Además, con la aparición de los ETF, los Roboadvisors y los fondos indexados, el acceso a una cartera diversificada es mucho más fácil, abriendo las oportunidades de inversión a consumidores que antes no podían permitírselo.

Aunque la situación de inflación actual obliga a buscar rentabilidades más elevadas, aumentando significativamente el riesgo, los inversores más aversos siguen prefiriendo estas nuevas formas de invertir de forma automatizada.

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Cambio en la estrategia financiera de las empresas

Las empresas pudieron comprobar la necesidad de adaptarse a los cambios que llegan, tener un liderazgo que se anticipe a los riesgos y contemple todos los caminos y soluciones considerando, incluso, las más creativas. Con cada crisis que vivimos vemos cómo el papel del CFO toma relevancia y se define cada vez más como una figura imaginativa, previsora y flexible. Ésta debe estar preparada para reformular la estrategia de la empresa en cualquier momento, ajustándose a la nueva situación.

En cuanto a las empresas, con la crisis de 2008 muchas tuvieron que cerrar debido al alto grado de apalancamiento que tenían y la poca liquidez con la que contaban. Disponer de liquidez para hacer frente a los cambios es imprescindible para una empresa, porque aunque el mercado parezca que evoluciona, en cualquier momento puede desmoronarse.

Actualmente vemos cómo la inflación, el encarecimiento de las materias primas y la crisis de suministro están complicando la situación actual, y la empresa que sobreviva será aquella que sepa adaptarse y ser más flexible a los cambios.

Preparación y previsión son indispensables

Lo bueno de las crisis es que nos permiten aprender. Lo malo, que no suelen ser iguales. Estas lecciones que extraemos de cada crisis puede que no sean del todo aplicables a otras situaciones, pero el aprendizaje que obtenemos sí que nos servirá para ser capaces de ver cuándo un ciclo económico se agota y la situación empieza a colapsar.

En el sistema económico actual es imposible evitar una crisis en su totalidad. Aun así, gracias a la previsión, la diversificación y el gasto consciente, es posible reducir sus efectos y que el azote sea más limitado.

Aunque, tal y como popularmente se dice, el ser humano es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, éste también destaca por su capacidad de aprender de los errores y aplicar lo aprendido a situaciones similares en el futuro. ¡Hagámoslo!

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¿Qué aprendimos de la crisis de 2008? Lecciones que podemos aplicar hoy
Aida Blázquez
Aida Blázquez
Marketing Assistant en Novicap

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