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La IA ya es una realidad en muchas empresas, ya que ayuda a automatizar procesos, mejora la atención al cliente y acelera la toma de decisiones. Tanto que ya es difícil pensar en llevar a cabo muchas operaciones sin su trabajo. Pero, hay una pregunta clave que toda organización debería hacerse antes (y después) de invertir en ella: ¿realmente está siendo rentable?
Para responder, necesitamos medir el ROI (Return on Investment) o retorno de la inversión. Calcular el ROI de la IA no siempre es sencillo, porque no todo se traduce directamente en euros. Aun así, con una metodología clara, es posible obtener una visión bastante precisa de su impacto real.
En esta guía te explicamos paso a paso cómo hacerlo.
Antes de hablar de números, hay que responder una pregunta básica: ¿para qué estás usando la IA?
No es lo mismo implementar IA para:
Sin un objetivo claro, no se pueden medir los resultados. Por eso, el primer paso es formularlo de forma concreta, por ejemplo:
Este objetivo será tu punto de referencia para calcular el retorno.
Ahora que ya sabes cuál es la meta, tienes que analizar de qué forma influye la IA en todo el proceso, tanto en beneficios como gastos. Uno de los errores más comunes es contar solo el coste del software, pero el coste total de la IA suele incluir:
Todo eso forma parte de la inversión. Si no lo incluyes, tu ROI final será falsamente alto.
Por ejemplo, si consideramos que en un año una empresa gasta:
El coste total será = 10.000 €
Como ves, cambia mucho el resultado si consideramos solo el gasto de la herramienta.
Aquí conviene separar los beneficios en dos categorías.
Son los beneficios que se pueden medir directamente en dinero:
Ejemplo: si un equipo ahorra 500 horas al año y cada hora cuesta 20 € el beneficio es de 10.000 €.
Aunque este tipo de beneficio es más difícil de convertir en euros, influye mucho en el valor del negocio. Incluye:
Como hemos dicho, estos factores no se miden en dinero pero hay algunos indicadores que se pueden tener en cuenta como la satisfacción del cliente, el tiempo medio de respuesta, la tasa de abandono o se pueden hacer encuestas internas.
Muchas organizaciones combinan ambos tipos de ROI para tener una visión más realista del impacto de la IA.
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Una vez tienes costes y beneficios, puedes usar la fórmula clásica:
ROI = (Beneficio neto – Coste total) / Coste total × 100
Ejemplo:
Esto significa que la inversión ha generado un 50 % de retorno.
La IA rara vez ofrece resultados inmediatos. Al principio puedes encontrarte con costes altos y beneficios modestos, pero, con el tiempo, el retorno suele aumentar.
Por eso conviene hacer una análisis del ROI a los 3–6 meses, anualmente y a medio plazo (es decir, cada 2-3 años). Muchas empresas descubren que el verdadero valor aparece cuando la IA se integra en procesos completos, no como una herramienta aislada.
La clave para que el análisis del ROI sea realmente útil es usar indicadores concretos y específicos para tu proyecto.
En proyectos de IA, algunos de los más habituales incluyen:
Lo ideal es medir estos indicadores tanto antes como después de implementar la IA.
Calcular el ROI de la IA tiene que ser un proceso continuo. Si un proyecto no alcanza los resultados esperados, conviene hacer ajustes: mejorar la calidad de los datos, cambiar el caso de uso, formar mejor al equipo, simplificar procesos o incluso optar por otra tecnología. La clave es tratar siempre la IA como una inversión estratégica y no como un experimento puntual.
Como has visto, calcular el ROI de la IA permite comprobar si la inversión realmente es rentable. Medir costes, beneficios y resultados a lo largo del tiempo te ayudará a optimizar su uso y a tomar decisiones basadas en datos, sin caer en suposiciones.
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