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El factoring permite anticipar el cobro de tus facturas para obtener liquidez inmediata. A la hora de contratarlo, surge una duda estratégica: ¿debe enterarse tu cliente de la operación o es mejor mantenerla en privado?
A continuación, resumimos las diferencias clave entre el factoring con notificación y el factoring sin notificación (ciego) para ayudarte a elegir la mejor opción.
La entidad financiera (o tu propia empresa) notifica formalmente al cliente que la factura ha sido cedida. Llegado el vencimiento, el cliente paga directamente a la entidad financiera.
El cliente no recibe ningún aviso. Sigue pagando en la cuenta habitual de tu empresa y tú te encargas de transferir el dinero a la entidad financiera en cuanto lo recibes.
En resumen, ambas modalidades son eficaces para acelerar el flujo de caja y evitar los efectos del cobro diferido. La decisión no depende únicamente de la búsqueda de liquidez, sino del equilibrio entre ahorro de costes e higienización administrativa (donde destaca el factoring con notificación) y la preservación de la privacidad en la relación con el cliente (donde el factoring ciego es la opción predilecta).
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